sábado, 26 de abril de 2008

Comunicado


Por motivos ajenos a mi voluntad, voy a tener que interrumpir el ritmo diario al que me he acostumbrado y autoimpuesto de escribir entradas. Espero volver, y que sólo sean unos días, aunque no puedo asegurar ninguno de estos extremos. Por si acaso, aprovecho la ocasión para agradecer las visitas y los comentarios que todos ustedes han ido realizando a lo largo de estos ya más de dos años de existencia de este blog. Y también para desearles lo mejor.

viernes, 25 de abril de 2008

House of pain. Jump around.

Sigamos con un poco de música, que ando con poco tiempo para pensar cosas, y mucho menos para escribirlas. Cuelgo otro tema de esos que me mueven, que me ponen gamberrete, y que me encanta que pongan en mis incursiones en el mundo de la noche, sobretodo si es en un local como el del video (como ocurrió la última vez).

miércoles, 23 de abril de 2008

Sant Jünger


Día del libro. Como de costumbre en esta fecha, he salido a dar una vuelta por la ciudad para ver el ambiente y los tenderetes que las librerías han desplegado por el centro. El día invita a ello: primaveral y templado. Las calles, abarrotadas de turistas y viandantes. Palma está muy bulliciosa últimamente. Los tenderetes, montados en el eje Cort-Sant Miquel , con la Plaza Mayor como epidentro. Allí he podido ver corresponsales de televisiones y radios entrevistando a la gente y a las autoridades que por allí circulaban (la alcaldesa, el presidente de la comunidad autónoma y yo hemos coincidido en aparecer a la misma hora, cosas del azar).

Me ha sorprendido negativamente la cantidad de libros "esotéricos" y de autoayuda new age que había (algún día he de hablar de lo poco que me gustan Bucay, Coelho y compañía). Y me he congratulado de ver cómo parece que la moda de los textos sobre la guerra, la posguerra y la dictadura se ha pasado un poco (aunque la prefería a lo de la autoayuda). La moda que no se termina es la de los libros en torno a supuestos enigmas históricos: he visto no sé cuantos códigos secretos y otros tantos enigmas ocultos. Es lo que ocurre cuando algo triunfa, que empiezan a proliferar las copias y refritos y la cosa pierde la mucha o poca gracia que en principio pudiera tener. Pero bueno, allá cada uno con sus gustos (o no, porque sorprende cómo éstos se ven arrastrados por las corrientes comerciales, con lo que uno piensa que a mucha gente le gusta lo que le echen).

Tengo la costumbre de, además de dar el paseo literario, comprarme algún libro. Para una vez que hacen descuento, hay que aprovecharlo. Y también es una costumbre que lo que me compre no sea lo que en principio tenía pensado comprar. Pero hoy sí que he sido fiel a mí mismo, aunque me ha costado. Al salir de casa tenía en mente dos grandes bloques: o biografías y diarios (en concreto Jünger y Dylan) o algo más actual, comercial y de moda (Zafón y su "sombra del viento", que aún no he leído, o Mallo y su proyecto nocilla). Por el camino he estado a punto de hacerme con los ensayos de Montaigne, pero lo he dejado para más adelante. Al final me he decantado por el primer volumen de las radiaciones de Ernst Jünger (ahora que lo pienso, muy de actualidad esto de las radiaciones, tal vez eso es lo que, inconscientemente me ha hecho decidirme), que descansa ahora mismo en mi mesa, junto al ordenador desde el que escribo. Le tenía ganas desde hacía tiempo, porque parece muy interesante y por lo mucho que me han hablado de él. Así que lo devoraré en cuanto tenga el tiempo que se merece.

martes, 22 de abril de 2008

Colecciones


Una vez alguien me contó de un tipo que coleccionaba ojos. Se trataba de un forense que, cuando unos ojos de algún cliente le atraían, los arrancaba y los colocaba en botes de formol que tenía en una estantería. No me lo creí. No pensaba que alguien fuera capaz de semejante locura. Hasta que el otro día un amigo me enseñó su colección de genitales femeninos.

lunes, 21 de abril de 2008

Cada día.


Cada día cuesta más ponerse la careta.
Cada día es más pesada.
Cada día tiene menos horas y más trabajo.
Cada día hay menos ganas.
Cada día hay más desidia.
Cada día huele mal.
Cada día me mareo.
Cada día me quiero suicidar.
Cada día encuentro una razón para no hacerlo,
aunque no estoy seguro de que eso siga ocurriendo cada día.

domingo, 20 de abril de 2008

Escotes virtuosos


Anoche caí en la cuenta de lo sugerente que queda un crucifijo sobre un escote. Cualquier clase de colgante resulta un buen adorno, pero una cruz, por su simbolismo, le da un punto de virtud al asunto. Y la virtud, si se ofrece junto al pecado, hace a éste mucho más interesante.

viernes, 18 de abril de 2008

¿Caín?


Fue doloroso encontrar el cadáver de mi hermano al despertarme. Pero más doloroso aún fue sber que todas las pruebas me inculpaban a mi. Y que yo no tenía ni la más mínima idea de lo que había ocurrido.

jueves, 17 de abril de 2008

Demonio de la guarda


La presencia. Constante, negra, ominosa. Aquella presencia parecía seguirla a todas partes. Pero cuando más la notaba era cuando estaba sentada ante su escritoio, en el silencio de la noche, leyendo o escribiendo cartas. Sentía que alguien la observaba desde detrás, e incluso pudo llegar a sentir su aliento en la nuca. Desde el primer día en que tuvo esa senssación de estar acompañada, de niña, sintió pavor. Pero no se lo contó a nadie, porque el miedo a que la dieran por loca era mucho peor, y perder el vínculo con los suyos era algo que no podía permitirse. Así que siguió adelante, acostumbrándose a esa continua sensación de estar siendo vigilada, de estar en el punto de mira de algo que no sabía qué era (una fuerza, una entidad, no sabía decirlo a ciencia cierta) y de lo que desconocía por completo sus intenciones.

Aunque la sensación era continua, había momentos en que se intensificaba. Uno de los más angustiosos era al acostarse, en esa franja de rara consciencia que precede al sueño. En ese preciso instante se juraba a ella misma que había podido ver la sombra junto a su lecho, y muchas veces eso la sobresaltaba e interrumpía el curso de su duermevela, otorgándole noches de insomnio que le hacían estar el día siguiente en un estado de somnolencia irresistible. Por suerte, aquella figura sólo l ahabía visto unas pocas veces, pero eran suficientes para que sintiera miedo cada vez que se metía en la cama. La cosa era informe y translúcida, como un humo. Pero era negra, de eso estaba segura. Y también de unos puntos rojos que ella interpretó como ojos. Y algo así como unas alas, no sabría bien cómo explicarlo.

Desde luego aquello no era benéfico, porque aunque ella no era desgraciada de un modo especial, la sensación que la acompañaba no era nada agradable. Y eso la convirtió en una muchacha taciturna y poco sociable, retraída y con un cierto talante melancólico. Luchaba contra ello, pero siempre que parecía que se adaptaba un poco, la sensación crecía, y se volvía a hundir en sus temores. Llegó a desarrollar la teoría de que se trataba de una especie de ángel de la guarda oscuro, un demonio de la guarda, que tal vez todos tuviéramos uno y ella, por algún azar ignoto, tenía la capacidad de percibir su presencia acehcante.

Creía que algún día su demonio de la guarda se la llevaría, que acabaría con su ángel y que la mataría. De la forma más horrible imaginable, suponía. Y sólo pensar en ello la aterrorizaba. Porque aquello podía suceder en cualquier momento. Mañana mismo, por ejemplo.

miércoles, 16 de abril de 2008

Cuantificación universal


-Todos los tíos pensáis en lo mismo -lo dijo con tono insultante, pretendiendo zanjar la discusión.

-Sí, que todas las tías sois unas zorras -respondí con la misma intención.

No le quedó más remedio que parecer más enfadada. En ese punto desconecté y dejé que vomitara toda su frustración sobre mi.

martes, 15 de abril de 2008

Vecindad


Las relaciones de vecindad tienen elementos extraños. Y es que el vecino es alguien que está ahí, contiguo a nosotros, y del que sabemos muchas cosas acerca de sus costumbres (lo oímos llegar, oímos algunmos ruidos que hace, las horas a las que se mueve...). Pero al mismo tiempo él también lo sabe. El btener vecinos viola en cierto modo el lugar más privado que se supone que tenemos: nuestro hogra. Por eso las relaciones que se establecen son peculiares. Por un lado hay cierta familiaridad, pero también recelos y frialdades, por la cosa de que tal vez sepan demasiado de nosotros, cosas que no nos gustaría que se supieran, o que creemos importante mantener en secreto. A pesar de que ni nos hablemos con ellos, siempre hay espacio para cierta tensión. Por eso, muchas veces la convivencia con los vecinos es conflictiva y amarga.

Y no sólo a nivel individual, sino grupal. Las sociedades vecinas a menudo establecen peculiares relaciones de amor-odio. Por un lado tenemos cierta tendencia en tomar al de al lado como espejo en el que mirarnos, como modelo al que imitar o del cual quisiéramos tener algún rasgo. Pero la convivencia, o tal vez el mismo hecho de servirnos como modelo, genera conflictividades y roces difíciles de sobrellevar y que marcan a generaciones enteras.

sábado, 12 de abril de 2008

Visita hospitalaria (II)


El otro lado. Hoy toca el otro lado. El mío. Así vemos a veces el tema de las visitas los que trabajamos en el hospital.

En primer lugar, resulta que hay unas normas respecto a las visitas. Y resulta que muchísima gente se las salta a la torera. Si sólo se permiten entrar dos visitas por paciente, entran tres, y encima pretenden venir a horas no permitidas. Nuestra actitud es la de recordarles, con toda la amabilidad de que somos capaces, las normas que están intentando infringir, suponiendo que es que las desconocen o que las han olvidado. Pues no, no es que las hayan olvidado, sino que intentan pasar por encima de las normas. Y, como en los toros, al tercer aviso vamos al descabello. Algunas veces se disculpan (para nada, porque rápido lo vuelven a intentar), pero otras hemos de aguantar que nos perdonen la vida por querer hacer cumplir lo que está estipulado en las normas. Parece una tontería, pero son más de los que parece, y muchas veces el pollo te lo monta el que menos te esperas.

Por otro lado, está la cuestión del cotilleo, porque no se limitan a ver a su familiar/conocido, sino que además quieren enterarse de lo que tiene el vecino y el de la habitación de al lado. Cuando hay varios enfermos en una habitación, a la hora de las visitas a veces se montan auténticos salones de sociedad, con todo el mundo hablando con todo el mundo. A veces entran ganas de ponerles música y organizar un baile.

También están las visitas "incómodas". Ese familiar pesado que todo lo pregunta y todo lo cuestiona, que pretende saber más que el personal pero que resulta que no sabe nada (porque entiendo que, si es un médico, quiera ponerse a nuestro nivel y tal, pero que alguien que lo más que sabe de medicina es la experiencia propia con la enfermedad y los suplementos de salud de cualquier revista del corazón quiera pasarte por encima, es muy mosqueante) y te está vigilando y tomando nota de lo que haces. Y peor, si encima tus respuestas (porque estos preguntan, y mucho) no les convencen (a menudo porque no las entienden), te miran con desprecio, como si estuvieras diciendo una burrada.

Todo el mundo quiere estar enterado de lo que haces cuando haces algo. Y vas al paciente y tienes un nutrido grupo de espectadores que te examinan tu quehacer y te preguntan. Para algunas cosas se les saca fuera (von lo cual llenamos los pasillos de gente) pero a veces no hace falta, ya que la técnica a realizar es sencilla y breve, y ahí es dónde la cagas, porque empiezan a salirte mal las cosas y a aturullarte (es increíble cómo algo simple se complica cuando mejor lo tienes que hacer), y quedas fatal delante de las visitas.

En fin, que comprendo la necesidad de que haya visitas en los hospitales. Hacen bien al enfermo y tal. Pero para los que allí trabajamos, a aveces son un auténtico coñazo.

viernes, 11 de abril de 2008

Visita hospitalaria (I)



En torno a las visitas hospitalarias hay todo un mundo. Es algo que desde siempre (desde antes de entrar de lleno en el mundo sanitario) ha acaparado mi atención. Y es que el tener que visitar a alguien ingresado es un acontecimiento con cierta solemnidad.

Se supone que de lo que se trata es de animar y hacer un poco más entretenida la estancia del enfermo (los hospitales, entre otras cosas, son aburridos). Al menos eso es lo que debería ser. Pero, mira tú qué casualidad, al final se convierte en una oportunidad para los visitantes de mostrar lo buena gente que son, que van a ver al conocido enfermo. Y lo peor es que en estos casos se dice con toda la sinceridad: "hemos de ir para quedar bien" (aunque, en realidad, nos de una pereza enorme). Obviamente, esto sólo ocurre con los conocidos que nos importan poco, con los que nos daría igual relacionarnos o no. Porque cuando alguien es importante, no nos lo pensamos tanto y vamos porque sí (porque es nuestro deber). Cuando vamos por deber, pueden ocurrir situaciones extrañas, como ocurre con los familiares con los que estamos peleados. En este caso, lejos de animar, podemos estar creándole un problema al enfermo, ya que a lo mejor la última persona que querrían ver es a nosotros. En estas visitas suele haber tensión, silencios y no saber qué decir. En algunas ocasiones pueden servir para iniciar una reconciliación, pero las más de las veces suele ser motivo para agudizar las malas relaciones y crear más malestar ("con lo que me hizo, encima ha tenido la cara de venir a verme").

Con esto, me meto de lleno en el asunto de las broncas de las visitas hospitalarias, que es lo que más me mosquea de todo esto. Porque la solemnidad y la obligación de visitar a los enfermos es casi sagrada, y el hecho de no ir a ver a alguien puede ser motivo de peleas. Seguro que todos conocemos algunos casos de gente molesta con otra gente porque "aquella vez que estuve ingresado no me vino a ver". Por norma general, son cosas que quedan aparcadas, pero salen como un resorte ante el primer roce. O eso o el "yo te visité en el hospital cuando estuviste enfermo". A partir de aquí, la bronca está asegurada. La cosa es aún peor cuando, al venir esa visita que no perdonaríamos que no se realizara, la recibimos con un "pero si no hacía falta que vinieras", halagando los oídos del visitante, haciéndole sentir más que amable, cuando en realidad lo que le estamos diciendo es que hubiérmaos preferido que no hubiera venido para así tener un arma defensiva para cuando sea necesario.

Lo dicho son sólo unos apuntes de un tema que, bien expuesto, podría dar para escribir un libro entero. Y eso que sólo me he centrado en el lado del enfermo (porque las relaciones del personal sanitario con las visitas también tiene miga, mañana lo cuento).

jueves, 10 de abril de 2008

Astenia primaveralis


Hace unos días que casi todo el mundo con quien hablo se queja de lo mal que se encuentran. Que si la cabeza, que si la tripa, en fin, que todo el mundo anda un pelín tocado. Debe ser la primavera, que hace sus estragos. O eso o que hay algo a punto de ocurrir (como si notáramos algo en el ambiente).

La cuestión es que empieza a hacer más calorcillo, que por las noches las sábanas y mantas ya estorban un poco, los abrigos se van reservando para las horas de la noche, el sudor aflora con más facilidad... En fin, que el invierno va dejando paso al verano poco a poco. Y eso, cuando ocurre de forma brusca (hace un par de semanas estábamos instalados en el frío), se acusa. Y este año parece que se eestá acusando bastante. Yo también lo noto. Mis múltiples sufrimientos físicos se agudizan, el malhumor aparece y la inspiración se va a tomar viento (se nota, ¿no?).

Que el verano pase pronto...

miércoles, 9 de abril de 2008

Moby. Natural blues.

He hablado mucho sobre mi gusto por el Blues. Y últimamente me ha dado por buscar por ahí grabaciones antiguas de blues. Y con antiguas me refiero al blues primitivo, el rural, el de antes de la electrificación (que vino allá por finales de los 40 y ya en los 50). Son grabaciones de baja calidad, en las que se nota el paso de los años. Generalmente se trata de el intérprete sólo con su guitarra. Robert Johnson (este merece capítulo aparte, ya he hablado otras veces de él), Leadbelly, Blind Willie Mctell, Son House... Y me llevo muchas sorpresas, porque descubro que canciones que conocía por otros intérpretes (no sólo de blues), son originales de estos años y de estos músicos. Como muestra, un botón relativamente actual. En 2000, Moby (que, por cierto, es descendiente de Herman Melville, autor de Moby Dick, de ahí el nombre artístico que ha escogido) sacó un single bajo el título "Natural Blues", cuya pista de voz corresponde a una grabación de Vera Hall (1902-1965) datada en finales de los 30 o principios de los 40.

martes, 8 de abril de 2008

Conflagración-confluencia


Muchas veces se nos presenta como contrario lo que en realidad no son sino versiones de una misma cosa. Y tal vez lo que ocurre es que la lucha que se establece es por una hegemonia, una rivalidad sobre una misma idea. Pienso en cómo desde cierto sector de la población se ataca y ridiculiza a la Iglesia mientras, al mismo tiempo, se defienden discursos que tienen en su base algunas premisas que la Iglesia mantiene desde hace siglos (por ejemplo, defender que una mujer pueda estar encerrada en un cuerpo masculino o viceversa no deja de ser una versión moderna y supuestamente científica de lo del cuerpo y el alma). A lo mejor la lucha no existe en los términos esencialistas en que se plantea, sino que se trata de simples matices (con lo cual se entiende mucho más la confrontación).

lunes, 7 de abril de 2008

Ante el espacio en blanco


Los escritores hablan de la crisis ante la hoja en blanco. Muchos de ellos, puestos a ponerse a empezar a escribir, sienten un vértigo especial al enfrentarse al nuevo texto. No les falta razón. Por muchas ideas que se tengan en la cabeza y por perfectas que parezcan, siempre hay un salto, un abismo que salvar a la hora de pasarlas a texto. Y no porque no se tengan claras las cosas que se quieren escribir, sino porque hay una cierta traición en ello.

Tal y como lo siento, las historias e ideas que a veces escribimos, son parte de nosotros, criaturas vivas y plasmarlas fuera, objetivarlas en un trozo de papel, es como arrancarlas y dejarlas a su suerte, abandonarlas en medio de la selva de ahí fuera. Y no dejar que crezcan y evolucionen. Porque como criaturas que son, son móviles y están en continuo desarrollo, y escribirlas es enquistarlas, impedirles la vida. Porque, aunque se tenga una vaga idea, muchas veces se empieza a redactar sin saber muy bien a dónde se quiere llegar, sin tener una meta clara. Al menos a mi me sucede casi siempre así. Incluso en estos textos breves del blog, sólo tengo una pequeña idea de partida, pero que luego, al irse plasmando, va agrandándose y me lleva por derroteros que no había sospechado al idearla.

Muchos podrán contraargumentar que si escribir es como mutilarse, entonces no hay necesidad de manchar las hojas con nuestras tonterías. Cierto, pero muchas veces estas ideas, personajes, tramas... que se nos ocurren son como un cáncer que hay que sacar para que no nos mate. Porque pueden llegar a ser muy absorbentes estas cosas, y la única forma de superarlas es expulsándolas. Así, el acto de la escritura sería como una catarsis.

Hay otras ideas, en cambio, que son vitales y que no daríamos a nadie por nada del mundo. Esas, por supuesto, las necesitamos para seguir adelante, y quedan no escritas. A veces se insinúan, pero nunca se llegan a decir a las claras.

domingo, 6 de abril de 2008

Hacia las Hurdes.


Hay parajes que dejan huella y que resultan imposibles de olvidar. Paisajes que, bien por la leyenda que acumulan o por su espectacularidad, se marcan a fuego
en nuestra memoria. Algo así sucede con la zona fronteriza entre las provincias de Salamanca y Cáceres. Se trata de la región que comprende la Sierra de Francia (con su santuario de la Peña de Francia), el valle de Las Batuecas y la comarca de Las Hurdes. Es un paisaje montañoso, agreste y bastante inhóspito. Hasta hace apenas unas décadas, era una tierra dejada de la mano de Dios, como registró Buñuel en su tremendo "documental" Tierra sin pan, pero en la actualidad han cambiado la miseria por los hoteles rurales, el turismo de interior y buenas carreteras, que han conseguido que esta zona se enganche al resto del mundo.

Viniendo desde Salamanca, la primera parada (obligada) está en el santuario de la Peña de Francia, lugar en el que se venera una de esas famosas vírgenes negras de origen incierto y leyenda tópica. Más allá del aspecto religioso y simbólico, vale la pena subir a esta cota de 1723 metros de altura por las vistas. Desde ahí arriba se divisan Portugal, algunos embalses y todos los alrededores. Incluso, dicen que en los días claros se puede ver la ciudad de Salamanca, que está a varias decenas de kilómetros.

La Alberca es la siguiente estación. Se trata de un pequeño pueblo que ha mantenido tradiciones ancestrales y un carácter medieval incomparable. En sus casas centenarias podemos observar grabadas fechas, inscripciones antiguas y escudos varios (destaca uno de la Inquisición). A pesar de las hordas de turistas que lo recorren, vale la pena perderse por sus callejuelas, beber de sus fuentas (un agua helada, incluso en agosto, pero buenísima, de esa que destilan los manantiales de montaña). Una de las tradiciones más curiosas que se mantienen en este pueblo es la de la moza de ánimas, una mujer, que al atardecer va paseando con una campana, haciéndola repicar mientras reza por las ánimas del purgatorio. Lo dicho, La Alberca y alrededores (Mogarraz es otro pueblo interesante, menos conocido, pero también muy interesante) mantiene ese sabor medieval que ya en pocos lugares queda. Una última recomendación sobre esta localidad: hay que probar sus embutidos, deliciosos.

La excursión sigue hacia el valle de Las Batuecas. Saliendo de La Alberca, nos encontramos con el puerto de las Mestas, desde el cual se divisa el valle de Las Batuecas, y también la carretera que, serpenteando, nos va a llevar abajo. A partir de aquí el paisaje es puro de montaña, bosques cada vez más cerrados según vamos bajando, arroyos y oscuridad creciente. Hasta que llegamos al monasterio de las Batuecas, pequeño enclave religioso rodeado de ermitas, al que antaño acudían los monjes a aislarse del mundo (y, ciertamente, la sensación que da el lugar, además de una inquietante paz, es la de estar alejado del resto del mundo).

A partir de ahí ya entramos en Las Hurdes, donde apenas queda nada de lo que Buñuel nos mostró. La arquitectura mantiene su carácter austero de antaño, pero por doquier proliferan los restaurantes y las tiendas. Lo que más llamó mi atención fueron los carteles que anunciaban ciripolen, ya que al parecer la industria apícola es uno de los motores de la comarca. También son llamativas las piscinas excavadas en el cauce de los ríos, que aprovechan algún remanso o ensanchamiento para labrar las orillas rocosas y dotar al pueblo de sus piscinas. En general, los pueblos son pequeños y están situados en las faldas de las montañas (en realidad, casi todo es montaña ahí), y tienen nombres extraños y sugerentes para alguien no peninsular: Pinofranqueado, Caminomorisco, Cambroncino, Arrocerezo, Martilandrán, Carabusino, Ladrillar, Aceitunilla... soin sólo una muestra

En resumen, y por no extenderme más, una excursión más que recomendable por uno de los parajes más llamativos del país. Sólo he estado allí una vez, y hace ya años. Pero no se me ha olvidado casi nada, y tengo aquella jornada de excursión grabada en mi memoria. Si surge la oportunidad, no dudaré en volver.

sábado, 5 de abril de 2008

Esvástica

Al ver la imagen, a cualquiera de nosotros nos vienen siniestras imágenes de uniformes, campos de concentración, terror en general. Y es que la esvástica, el símbolo que escogieron los nazis para su partido, ha devenido un símbolo siniestro para los europeos y para buena parte del mundo. Pero no siempre ha sido así ni lo es para todo el mundo. Para el hinduísmo y el budismo es un símbolo de buena suerte, y aparece en numerosos templos y celebraciones como una especie de amuleto contra las malas influencias (de hecho, la fotografía representa una ceremonia budista). Es más, la palabra esvástica, en sánscrito significa "forma bendita".

A lo largo de la historia la esvástica ha sido utilizada por numerosos pueblos y en distintos contextos, pero siempre con esa connotación positiva y de buen augurio. Esto es muy llamativo, puesto que nos encontramos esvásticas prácticamente por todo el mundo (en Europa, Asia, América...) y desde tiempos remotos, a pesar de no existir ningún contacto entre las diferentes culturas que la utilizaron (lo cual ha creado algunos quebraderos de cabeza a los estudiosos). Como curiosidad paradójica, hay que señalar que a lo largo de la historia, algunas sinagogas se han visto decoradas con esvásticas.

Para los nazis, que tenían una vertiente simbólica-esotérica muy importante, debía ser muy sugerente el simbolismo de buen augurio que la esvástica poseía (tener por bandera un amuleto no es moco de pavo si se cree en ello). Además, no hay que olvidar que desde el siglo XIX algunas sociedades secretas de tipo neotemplario-místico-masónicas alemanas también la utilizaron como seña de identidad, terminando por quedar asociada a la raza aria. Y sabiendo el gusto de los nazis por las cuestiones simbólicas y místicas (la cuestión del esoterismo nazi, que a menudo queda relegada a un segundo plano, podría haber jugado un papel muy importante en el desarrollo del III Reich), a buen seguro que les pareció el símbolo ideal, porque además de servir de amuleto, les enlazaba con cuestiones que, me repito, eran fundamentales para los fundadores del movimiento.

En cualquier caso, no deja de ser curioso como un símbolo casi universal de buena suerte que había pervivido por siglos, quedó manchado y oscurecido en apenas quince años de barbarie y sinrazón.

jueves, 3 de abril de 2008

Ritmo circadiano


Cada persona tiene sus ritmos y sus tiempos. Los hay que se encuentran mejor por la mañana, otros por la tarde, y otros por la noche. En mi caso, los años me han demostrado que las mañanas no están hechas para mi. El despertar no es lo mío, y mi cuerpo tarda en ponerse en marcha. Madrugar es un suplicio, y cuando lo hago (por suerte, al trabajar por turnos, no lo he de hacer todos los días), sé que me espera una mañana terrible. Me dan ataques de sueño que hacen que me encuentre mal, bajones inexplicables e incluso algún que otro mareo. Sí, las mañanas son duras para servidor. La tarde-noche ya es otro cantar, pero también tengo mis momentos. Uno de los mejores ratos del día es la sobremesa, entre las cuatro de la tarde y las seis. Ahí estoy pletórico. Por eso no duermo siesta, porque es desperdiciar el tiempo en que mejor estoy. Ahí es donde a menudo a provecho para leer, escribir, y otras actividades que me absorben la atención.

A media tarde la cosa decae otra vez, pero sin llegar a los extremos de la mañana, simplemente empiezo a acusar el cansancio acumulado de todo el día. Pero rápido remonto el vuelo, y por la noche vuelvo a encontrarme en mi salsa. Entre las diez y la una de la madrugada es muy buena hora. Luego empieza el declive, y a partir de las tres de la madrugada, si no me he ido a dormir, voy cuesta abajo y sin frenos, y sólo la cama puede salvarme.

miércoles, 2 de abril de 2008

El síndrome de la mosquita muerta


A algunas chicas se las califica de mosquitas muertas. Para ello se basan en su aspecto frágil y nada llamativo, en sus maneras suaves y tímidas, y en su apariencia de no haber roto un plato. Pero muchas veces estas sujetas esconden auténticas fieras experiemntadas en el deporte de destrozar vidas y manejar a los machos que las revolotean.

La explicación es tan sencilla como decir que los hombres somos depredadores y que estas chicas parecen presas fáciles. A una hembra despampanante, de esas de rompe y rasga, de las que se comen el mundo con sus andares y que parecen muy seguras de sí mismas (sólo es apariencia) sólo acceden aquellos especímenes que también muestran gran seguridad en sus dotes amatorias. La mayoría, hundidos en la miseria, ni siquiera aspiran a acercarse, porque se creen incapaces de conquistar a semejantes mujeres. Por eso atacan a las que creen más frágilas, a las que les parecen más al alcance. Y estas mosquitas muertas, con sus ademanes tiernos e inocentes, con su pinta angelical, son una tentación para todo cazador hambriento. Nos creemos que no se podrán resistir a un poco de atención por nuestra parte. Y muy a menudo nos equivocamos, porque esto mismo es lo que hace que tengan a más de un moscón revoloteando a su alrededor. Y a poco que ellas se den cuenta (y tarde o temprano lo hacen), sabrán cómo sacarle provecho a la cosa. Podrán utilizarnos, tiranizarnos, hacer lo que quieran de nosotros. Y además, debido a sus experiencias, pueden ser auténticas felinas maratonianas en la cama.

No hay que fiarse de ninguna, ya lo he dicho en otras ocasiones. Y para reforzarlo, dos refranes: el hábito no hace al monje, y las apariencias engañan.

martes, 1 de abril de 2008

El remake del remake


No entiendo esta manía que les ha entrado a los de Hollywood en los últimos años de hacer remakes de clásicos del cine. Igualmente vale para las versiones que hacen de otras películas (en especial de las de terror japonés). Da la impresión de que se ven obligados a, para mantener el negocio, sacar al año una serie de películas, y que cubren el expediente copiando lo suq eotros han hecho. Eso sí, luego te lo venden como la última gran revolución y como si fuera un perfeccionamiento de la cosa. Le ponen algún efecto especial o se inventan un nuevo final, da igual, lo importante es sacar algún dinerito. Y, como es de esperar, las versiones no suelen ser gran cosa.

Detrás de esto, además de la necesidad de sacar películas al mercado de forma compulsiva para mantener la industria, se esconde una cierta idea de progreso, según la cual, algunas películas se pueden hacer mejor ahora que cuando se huicieron. Pero se les olvida que una película no son sólo medios técnicos (efectos especiales y tal) sino que la forma de narrar la historia, los diálogos, la fotografía... tienen muchas veces que ver con el sello que el director y la época les imprimen. A algunas películas, sobretodo a los clásicos (que son las más susceptibles de ser revisadas), les queda un aura especial. Y eso se pierde en las reelaboraciones, que, menos mal, acaban siendo olvidadas e incluso denigradas. Otras veces, en cambio, antiguas películas menores son tomadas por directores con cierto renombre, y de este modo las rescatan de ese mismo olvido, pero esto ocurre en muy pocas ocasiones.

Siempre han habido remakes, pero últimamente hay muchos, y no me gustan.