domingo, 30 de junio de 2013

sábado, 29 de junio de 2013

El Tour!!

Maurice Garin, primer ganador del Tour
Hoy empieza el Tour de Francia, uno de los pocos acontecimiento deportivos que consiguen captar mi atención. Es la edición número 100 (aunque no es el centenario, ya que hubo parones en las guerras mundiales), esos números redondos que tanto nos gustan para hacer conmemoraciones. Me pica la curiosidad la etapa final nocturna, será algo diferente a lo habitual (ese circuito urbano por los Campos Elíseos-Plaza de la Concordia-Tullerías-Louvre-Calle Rivoli-Concordia-Campos Elíseos, que me sé de memoria y hasta he pateado con un placer indescriptible). El recorrido no está mal, ahora hace falta que los corredores hagan una carrera digna de la efeméride.

A pesar de todo, uno echa de menos (aunque no lo ha vivido) aquella informalidad y jovialidad de antaño, del Tour amateur. Esas etapas en las que cada uno iba a su ritmo, se paraban a comer o a darse un baño en calas pintorescas. Cuando no iba el mecánico tras de ti y tenías tú mismo que arreglarte los pinchazos. Cuando los últimos llegaban de noche y las carreteras de montaña no estaban asfaltadas, y el ganador se hacía la foto de la victoria funmándose un piti. Ahí sí que había épica. Estaría bien un Tour así, pero televisado, convertido en una especie de Gran Hermano a pedales. Con Perico haciendo de Milá.

viernes, 28 de junio de 2013

Quietud vs excitación

La modernidad vive instalada en el desequilibrio. Se busca la novedad, la aventura, lo que desborde. En muchos casos se ha convertido en una compulsión. Es imposible estar cómodo, porque es visto como un estado de quietud y aburrimiento. Y el aburrimiento es el gran demonio. Todo ha de ser excitante y divertido. 

Hay algo patológico en ello. Sin embargo, la posición contraria, la de los que buscamos la tranquilidad, que nos aferramos a una rutina y nos trastornamos por cualquier cosa que la amenace, no lo es menos. 

Al final, el equilibrio sólo se puede lograr transitando de un lado a otro, yendo y viniendo.

domingo, 23 de junio de 2013

jueves, 20 de junio de 2013

La miseria del antifranquismo

Hay muchos que se autoengrandecen calificándose de antifranquistas. Le dan así un cierto barniz de épica a sus miserables opciones. Ser antifranquista cuarenta años después de Franco es muy fácil (igual que esos héroes antiterroristas que han ido apareciendo justo cuando nuestro terrorismo ha empezado a flaquear). Por supuesto que quedan residuos y actitudes propias de la dictadura, incluso en el poder. Pero centrarse en la figura de Franco y su movimiento es en mi opinión desviar la atención de lo realmente importante. Es, parafraseando el refrán, que Franco no te deje ver el bosque. 

Franco sólo fue una coartada, una máscara de conveniencia que adoptaron algunas actitudes y tendencias transversales (no es algo de una clase) de las gentes del país. Si se quiere, fue una cristalización, un aglutinante. Pero todo eso, "el franquismo", existía antes de Franco. Y por supuesto, sigue y seguirá existiendo después. Sobre todo mientras se siga atizando golpes a un hombre de paja que no es más que una encarnación pasada de algo que sigue ahí pero ya bajo otras formas, metamorfoseado con Zeitgeist. Incluso se ven tics franquistas en el antifranquismo, lo cual es muy sintomático de sus miserias y de que el manantial no está seco y de que se intenta poner diques de contención donde más fácil es, obviando los lugares en los que de verdad hay peligro de desbordamiento.

lunes, 17 de junio de 2013

Regreso a las cosas

Cada vez más lo leemos todo en función de otro. Se hará necesario tomar las cosas como vienen en ellas mismas, sean lo que sean. Pero, ¿no hemos perdido, acaso, el oído para escuchar sus sonidos? ¿Cómo enfrentar la "realidad" cuando hace tanto ya que la hemos olvidado?

Filosofía e infelicidad

La filosofía quería vencer la infelicidad trágica, superarla en la verdad del ser. Pero el resultado fue exactamente el contrario del esperado. Para vencer la infelicidad, la filosofía ha tenido que buscarla por cualquier sitio donde se pudiera encontrar, y así, en contra de sus intenciones, la ha hundido y extendido. No hay ningún lugar en el mundo libre de "enigma y sufrimiento".   
Vincenzo Vitiello
Nietzsche: la muerte de dios y el re-descubrimiento de lo sagrado
En Nietzsche y lo trágico

sábado, 15 de junio de 2013

Sexo sobrevalorado

Por la vía de la represión, o por la de la expresión patológica, tengo la sensación de que el sexo está sobrevalorado. Parece que hay algo que no acaba de cuadrarnos con él, e intentamos bien reducirlo al mínimo, o bien, como efecto rebote, está por todas partes y si no participas de ese paroxismo eres un reprimido (en una suerte de represión inversa que te obliga a no frenarlo). Supongo que hay un término medio, pero es difícil encontrar el equilibrio cuando se trata de fuerzas irracionales por naturaleza desequilibrantes.

viernes, 14 de junio de 2013

Asclepeion

En la antigua Grecia existían unos templos a los que la gente iba a curarse. Se conocían como Asclepeion, debido a que estaban consagrados a Asclepio, dios de la medicina y la curación. La cosa no ha de llamarnos la atención, ya que todos somos capaces de nombrar varios santuarios religiosos especialmente dedicados a las cuestiones de salud. Lo llamativo es el método que se utilizaba: la gente iba y dormía toda la noche en salas comunes, rodeados de serpientes (el animal vinculado a Asclepio, que todavía hoy vemos representado en muchas farmacias y sigue siendo un símbolo en el mundo médico). Al día siguiente, se le relataban los sueños que se habían tenido al sacerdote, quien recomendaba distintas actuaciones según su interpretación (acudir a un balneario, tomar alguna medicina...). 

Se trataba de una especie de cura por el sueño, de ejercicio introspectivo que parecería ligado a una etapa primitiva del desarrollo histórico, vinculado a una religiosidad que se nos antoja remota y atrasada. Pero resulta que nos pasamos un tercio de la vida durmiendo, y se tiende a despreciar lo que en todo ese tiempo ocurre, como si no fuera con nosotros. Tal vez no para asuntos de decidir un remedio u otro, ni de manera supersticiosa, ni mucho menos tomarlo como un rector de nuestras vidas, pero sí que deberíamos prestarle más atención al sueño y a los sueños, mucha más de la que le prestamos. 

lunes, 10 de junio de 2013

Ofensas

No entiendo las excesiva consideración que se tiene con algunos temas. Se teme demasiado la airada reacción de los "ofendidos", que con sus ofensas (que en el fondo son suyas, ya que son ellos los que se ofenden y tal vez deberían controlar mejor sus susceptibilidades) pretenden regular lo que podemos o no podemos decir o hacer. Porque, no nos engañemos, en cuanto cedemos a ellos estamos dándoles cancha y posibilitando la tiranía de alguien, que hoy se ofende por un chiste sobre un dios, y mañana se ofenderá por un peinado o una forma de vestir.

Sinceramente, si la libertad ha de ejercerse en un ámbito cortés, como un mero espacio de juego acotado desde fuera, no vale demasiado. Si algún valor tiene, es que viene desde dentro (al igual que muchos de sus límites), y que si uno evita la ofensa, lo haga porque así lo quiere, no por temor a la reacción del ofendido. Quien, por otra parte, tendría que hacer el ejercicio de adaptarse a dicha libertad y aguantarse un poco sus iras, ya que en el mismo ejercicio de la libertad está el que haya cosas de los demás que puedan no gustarte. 

Como suele decirse para menospreciar a alguien que quiere molestarnos, no ofende quien quiere, sino quien puede. Pues ese pensamiento tendrían que hacer muchos.

domingo, 9 de junio de 2013

Filosofía oriental

Un debate que a veces he tenido con compañeros de la filosofía es en torno a la mal llamada filosofía oriental. Y es que creo que en oriente no se ha hecho filosofía, entendida esta como un modo de pensar, un conjunto de temas y una manera de problematizar concreta. En seguida, recurso fácil, se me acusa de etnocentrismo (acusación que casi siempre se arroja a europeos, pero poco a otros grupos que pueden ser tan etnocéntricos como el que más), como si lo que yo digo es hacerles un feo y colocarlos por debajo. Como si mi intención fuera pretender que la filosofía es lo más excelso que ha hecho el ser humano (cosa que parecen creer ellos y no yo, en vista de su reacción) y que sólo nosotros, los europeos hemos llegado a esa grandeza. Pues no. No digo que en oriente no haya pensamiento, ni que tenga profundidad (es más, puede que "ambos" campos broten de los mismos impulsos, actualizados por distintas vías), ni nada de eso, sólo que filosofía es un tipo concreto de pensar, y que eso se empezó a hacer en la antigua Grecia. Nada más.

Del mismo modo que no hay yoga occidental (sino occidentales que hacen yoga, que es oriental), tampoco hay filosofía oriental.

sábado, 8 de junio de 2013

Sabios y expertos

Ahora se habla mucho de expertos. Pero, ¿en qué consiste el ser experto? En tener experiencia, dirán muchos. Sí, ya, ¿pero basta con eso?. ¿En qué radica esa experiencia?, ¿en títulos académicos?, ¿en tiempo trabajado?. Seamos sinceros, todos conocemos a gente que de forma compulsiva se han sacado títulos, pero a las que consideraríamos auténticos inútiles. ¿Currículum (esa especie de combinación de estudios y trabajo)? Ya deberíamos saber que no son muy fiables, que a cualquiera le dan un diploma por casi nada. ¿Méritos? Otra palabra muy bonita pero que no hoy en día es más que sospechosa (no porque haya quien los tenga de verdad, sino porque habría que estudiar a fondo los méritos de muchos). 

Preferiría los sabios a los expertos, aunque se tienda a entenderlos como lo mismo (así, se habla en los medios de "comité de sabios" y comité de expertos" indistintamente). Pero un sabio tiene un aura diferente, menos "formal" que el experto. Digamos que el ser sabio tiene un matiz más "inmaterial", menos objetivo que el experto. Pero claro, capados como estamos para todo lo no material y no objetivable, no sabemos detectar a los sabios. A lo mejor porque tampoco es que andemos sobrados de ellos. 

viernes, 7 de junio de 2013

Pasajes de Palma

Hay en Palma unas cuantas galerías: pasajes comerciales que atraviesan manzanas. Pero todas, desde hace años, están en un estado de decadencia absoluto. Sus locales comerciales están cerrados, los escaparates acumulan polvo y carteles, y nadie se mueve en ellos. aunque vienen bien para acortar el camino, nunca hay nadie. Se ven tristes y sus luces fluorescentes les otorgan una luz enfermiza que disuade a la gente de entrar. Dan hasta miedo.

Los pasajes, que en París lucen tanto (hasta algún título han inspirado), en Palma son un fracaso. Tal vez porque en París les viene muy bien poder pasear e ir de compras resguardados del frío y de la lluvia. Pero en una ciudad mediterránea, en la que el sol luce casi siempre, es un contrasentido y casi un crimen ponerle techo a un paseo, entre otras cosas, porque la gente está más acostumbrada a estar al aire libre que a resguardo de los meteoros. Y también, porque no son tan bonitos como los parisinos. 

lunes, 3 de junio de 2013

Regateando

Escena de sábado noche en un restaurante muy cerca de la zona de marcha de Palma. Por allí pasaban numerosos vendedores ambulantes, de esos que se patean la calle cargados con sus gafas de sol, relojes, flores y demás abalorios con la intención de sacarse algún dinero. Se acercaban a las mesas ofreciendo sus objetos, unos con más insistencia y otros con más discreción. En la mesa de al lado, dos parejas con una niña. A cada vendedor que se les acercaba, aquello se convertía en un espectáculo vergonzoso: aprovechando la disposición de aquellas gentes al regateo y las barreras idiomáticas (ya que todos eran subsaharianos o asiáticos), les daban conversación e intentaban sacarles un precio ridículo e insultante, para al final no comprarle nada. Sólo se trataba de echarse unas risas a costa de la debilidad de los demás. Y vaya si se las echaban. Se les veía ufanos, creyéndose superiores y humillando a aquellas pobres gentes que aguantaban lo más estoicamente que podían sus chanzas y sus risotadas. 

Y es que, acostumbrados a pagar el precio que nos ponen sin discutir no nos damos cuenta de que el regateo es una ceremonia social, una negociación en la que al final las dos partes intentan llegar a un acuerdo y sellar un pacto. Es un trato personalizado entre el vendedor y el comprador, que quién sabe si será la semilla para futuras transacciones. Así lo entienden en muchos lugares, y es casi una ofensa no intentar regatear. En cambio, aquí, dado que los que se prestan al regateo son inmigrantes y se les ve como más necesitados, mucha gente ve el querer regatear como desesperación por parte del vendedor por vender y ganar algo, aunque sea una miseria. Y claro, ahí viene la actitud burlona del que se ve por encima e intenta aprovecharse, aunque no sea más que otro pobre desgraciado que obtiene así un pequeño bálsamo a su inferioridad. 

Al final, lo que nos va es sentirnos superiores. Pero hay superioridades que nos envilecen y nos arrastran. 

sábado, 1 de junio de 2013

De vacaciones

Los psicólogos, grandes creadores, nos abruman cada x tiempo con nuevas categorías en las que podernos encajar a unos y a otros. De unos años acá se ha venido hablando de la depresión postvacacional. Pero, ¿cuándo hablarán de la depresión vacacional propiamente dicha? Porque conozco varios casos de gente que al irse de vacaciones se viene abajo. Una compañera una vez hasta se me puso a llorar desconsolada ante la perspectiva de abandonar toda la rutina que la colapsaba y quedarse sin tener nada que hacer. Por eso parece que hay que estar hiperactivos (viajes, amigos...) en vacaciones. Soy más bien partidario de trasladar el espíritu vacacional al resto del año (hacer las cosas como cuando se está de vacaciones, convertir las "obligaciones" en hobby) que al revés, llevar la disciplina a las vacaciones.